Con la independencia Nacional, a partir de 1844, se abrió un proceso de la lucha por el poder por parte de los sectores de la clase sominante dominicana, integrada por hateros y comerciantes, contra los nacionalistas. Una parte importante de la élite y de los intelectuales dominicanos al comenzar ese período tomaron como referencia a nivel científico-ideológico-cultural a Europa, muy especialmente a Francia e Italia, sobre todo a Paris, Niza, Roma y Venecia.

Después de 17 años, llenos de conflictos y de luchas de las clases dominantes, la Nación volvió a ser anexada a España (1861), lo que duró poco, porque en 1863 se inició la ofensiva patriótica que llamamos Restauración, que vino a devolverle la soberanía a la República Dominicana. Con esto se inician nuevamente las celebraciones y manifestaciones populares de carnaval; una de las primeras fue la representación indígena como un símbolo de identidad nacional.

El carnaval callejero se enriqueció con el surgimiento de otros personajes y la creación de los existentes en un proceso constante de creatividad y revalorización de los carnavales locales.

Em las ciudades de Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata se celebraron pomposos bailes de carnaval, con sus reinas, en los principales clubes de las élites locales.

Al final del siglo XIX el carnaval se fue desarrollando poco a poco a nivel popular transformando personajes adaptándolos a nuestro entorno y creando otros nuevos que son pura expresión nuestra sociedad: “A que no me quemas el papelón”, “Roba la gallina”, “Se me muere Rebeca”, “Nicolás Den Den”, “ Los Platanuses”, “Los Galleros”…etc

 Fuente: Carnaval Popular Dominicano. BPD, Dagoberto Tejeda y Mariano Hernández.